Es necesario ver al servicio no solamente como cuando alguien da, sino como cuando alguien recibe. Para servir, debe haber quien reciba.
Dios está en el negocio del servicio. Pero para que resulte un negocio, necesita personas que reciban el servicio. Esos somos nosotros. Si vemos al servicio de esta manera, tenemos que decir que ambos el servidor y quien es servido, son uno.
















